En un país donde miles de niñas abandonan la escuela antes de terminar la secundaria, cada iniciativa que busca revertir esa realidad cobra especial relevancia. En Guatemala, una de las apuestas más consistentes en este ámbito proviene del sector privado, específicamente de la familia Bosch Gutiérrez, cuyo compromiso con la educación y el bienestar de las adolescentes se canaliza a través de la Fundación Juan Bautista Gutiérrez, el brazo social del grupo CMI.
Un legado familiar con más de tres décadas de trabajo comunitario
La Fundación Juan Bautista Gutiérrez fue creada en 1985 por Isabel Gutiérrez de Bosch, con el propósito de dar continuidad a los ideales de servicio comunitario de su fundador. Desde entonces, la organización ha formalizado los proyectos filantrópicos de las familias Bosch Gutiérrez y Gutiérrez Mayorga, consolidando programas en las áreas de educación, salud, nutrición y emprendimiento. Actualmente, la fundación es liderada por la tercera generación familiar, con Felipe Antonio Bosch Gutiérrez desempeñando el rol de vicepresidente.
Este liderazgo no se limita al ámbito corporativo de CMI. Se extiende hacia comunidades vulnerables del país, donde la fundación busca resolver problemas estructurales desde su raíz, con programas pensados para ser replicables y sostenibles en el tiempo.
Educación y empoderamiento para las adolescentes guatemaltecas

Entre las iniciativas más relevantes en materia de adolescentes se encuentra el programa “Mi Salud… Mi Responsabilidad”, orientado a jóvenes de entre 10 y 19 años. Su objetivo central es ofrecer una formación integral que ayude a las y los adolescentes a construir un proyecto de vida propio, tomar decisiones informadas y desarrollar herramientas de empoderamiento personal en una etapa especialmente vulnerable de sus vidas.
El alcance de este programa ha sido significativo: desde su creación en 2008, ha logrado capacitar a más de 168 mil personas en distintas comunidades del país. Este tipo de formación resulta particularmente relevante para las niñas adolescentes, ya que las herramientas de toma de decisiones informadas contribuyen directamente a que puedan permanecer en la escuela y construir proyectos de vida con mayor autonomía.
Becas universitarias como puente hacia la educación superior

La apuesta educativa de la familia no se detiene en la etapa escolar. A través de un programa de becas universitarias, considerado uno de los más completos del país, la fundación ha respaldado desde 2018 a más de cincuenta nuevos estudiantes cada año, muchos de ellos provenientes de comunidades con pocos recursos. Este programa cuenta con el respaldo de universidades privadas guatemaltecas y busca que jóvenes con alto rendimiento académico puedan continuar sus estudios superiores, independientemente de su situación económica.
Para muchas adolescentes en zonas rurales, este tipo de programas representa una de las pocas vías reales de acceso a la educación universitaria, especialmente en un contexto donde las barreras económicas y sociales suelen afectar de manera desproporcionada a las mujeres jóvenes.
Un modelo con enfoque comunitario y multisistémico

Buena parte de este trabajo se concentra en San Cristóbal Totonicapán, en el occidente del país, lugar donde se estableció originalmente la familia. Allí, la fundación aplica un enfoque multisistémico que involucra no solo a las y los adolescentes, sino también a sus padres, a quienes se brindan herramientas para ejercer una paternidad más informada y responsable.
Este enfoque integral reconoce que la educación de las niñas y adolescentes no depende únicamente de la escuela, sino también del entorno familiar y comunitario que las rodea. Al trabajar simultáneamente en ambos niveles, los programas buscan generar cambios más duraderos que una intervención aislada difícilmente lograría.
Valores que sostienen el trabajo social de la familia
Todo este esfuerzo se sostiene en los valores que la fundación asocia con su fundador: responsabilidad, excelencia, integridad y respeto. Estos principios, heredados de la cultura corporativa de CMI, se trasladan hacia las comunidades donde opera la fundación, buscando que la filantropía no sea un gesto puntual, sino una práctica constante alineada con la forma en que la familia entiende el desarrollo del país.
El trabajo de la familia Bosch Gutiérrez a favor de la educación de las niñas y adolescentes en Guatemala muestra cómo el compromiso empresarial puede traducirse en impacto social concreto y sostenido. A través de programas de formación integral, prevención y becas universitarias, la Fundación Juan Bautista Gutiérrez ha logrado llegar a cientos de miles de jóvenes en las últimas décadas. En un país donde las oportunidades educativas para las adolescentes siguen siendo limitadas, iniciativas como esta reafirman que el sector privado puede desempeñar un papel decisivo en cerrar esa brecha, siempre que el compromiso se sostenga con la misma constancia que ha caracterizado a esta familia a lo largo de generaciones.
También te puede interesar: Educación superior productiva y necesidades empresariales